| Ps. Vladimiro Vásquez |
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SERMÓN 29 Lucas 17: 3¡Mirad por vosotros mismos! Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. 4Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo». (1) La sabiduría, ese bien tan preciado que puede hacernos felices y exitosos, solo se aprende de dos maneras: Por un contacto con Su Dueño y a base de experiencias personales. La primera es la mejor; la segunda, empeñosa y huidiza. Aunque a decir verdad ambas son difíciles de alcanzar. Una, porque para llegar a ella hay que aceptar el camino marcado por su Autor: El temor del Señor, como se revela en las Sagradas Escrituras. La otra, porque en 80 años de esfuerzos y trabajos, puede suceder que no aprendamos realmente lo suficiente y la vida se nos haya ido de las manos. REPRÉNDELO La Sabiduría revelada dice que toda la Ley Divina, no es otra cosa más que amar al prójimo como a nosotros mismos.(2) ¿Cuál es el significado de esta sentencia? Se ha dicho que amar a nuestros semejantes es aceptarlos como son. Sin embargo, si los aceptamos tal y cual se nos presentan actualmente, no los amamos realmente, porque ellos pueden llegar a ser mejores de lo que son. Así que amar conlleva procurar el progreso del ser amado y no sólo aceptarlo como es. Originalmente, el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, fue dado en un contexto de reprenderlo(3). La Sabiduría Celestial nos pide interesarnos en el otro. No podemos permanecer indiferentes ante un semejante cuyo rumbo lo lleva directo al abismo. ¡Debemos advertirle! Los lugareños son creíbles cuando advierten al forastero sobre los peligros del camino, pero es más difícil hacerlo cuando se trata de un asunto que nos importa. Es comprensible esta desconfianza debido a que la fuerza que nos mueve a todos es el amor por nosotros mismos. Al acercarnos al prójimo para mostrarle su conducta errada en relación con nosotros, nos verá con suspicacia, pues pensará en las ventajas que deseamos sobre él. REBATIENDO LO ENCOMENDADO -Pero ¡Señor!, podemos orar. INVALIDANDO EL EGOÍSMO El amor hacia nosotros mismos es la fuerza que nos mueve a todos y la causa de todos los males que hay en el mundo. Dicho en otras palabras, la responsabilidad de todo lo que catalogamos como nefasto en nuestra sociedad, no se debe a la inexistencia de un Ser superior. O, en el peor de los casos, a Su existencia e indiferencia para solucionar esos males, sino al egoísmo humano. El amor es la solución a los males, porque ataca directamente ese egoísmo. Por eso el mandamiento más grande que hemos recibido es: ¡AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO!(4) INLFLUYE EN ÉL El Señor dice: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo. Lo que nos está pidiendo, es, que amemos al que peca en contra nuestra. Si ha pecado contra nosotros, se ha hecho mal a sí mismo y nuestro deber es ayudarlo. Sólo lo podremos ayudar si lo amamos tanto como para encontrar la forma de afectar su conducta. Sucede que hay una relación directa entre nuestra influencia en el prójimo y la abnegación que mostremos por él. No hay otra manera de tener éxito en esta tarea. Nos oirá si el capta que nuestro interés por él no trae ventajas a nosotros mismos. Pero si percibe en nosotros la menor pizca de desinterés por él en nada lo afectaremos. Moisés, dijo: Perdónales su pecado, y si no, bórrame de tu Libro…(5). No pidió el perdón basado en que sus amados, darían muestras de mejor comportamiento. Fue enfático, pero actuó con abnegación. El resultado es enormemente conocido. Sus enseñanzas, a partir de entonces, nos han afectado a millones. Y lo seguirán haciendo. ¡MIRAD POR VOSOTROS MISMOS! El versículo que encabeza esta meditación comienza diciendo así: ¡Mirad por vosotros mismos! Podemos razonar: -Para influir en mi prójimo, de tal modo que deje de pecar contra mí, significa perdonarlo cuantas veces sea necesario. Entiendo que esa sea la voluntad Divina. Pero ¿Cuál es mi beneficio? No nos debe caber la menor duda que el Señor tiene en mente también beneficiarnos. Igualmente nos ama como a los demás y por eso dejó este mandamiento, porque es el único que satisface el amor global para toda Su Creación. Nuestro error ha sido considerarnos víctimas de los demás y del propio Creador del Universo. Nada más lejos de la realidad. Cuando me convierto en el centro de mis realizaciones, dejando a los demás fuera de mi círculo, me enfermo. Cuando permito que el resentimiento y la amargura se apoderen de mi corazón y pensamientos, el daño me lo hago yo. Cuando culpo a los demás de lo que me pasa, seguramente caeré en el hoyo de de la frustración y llegaré a la depresión. Por el eso la Sabiduría del Creador nos pide que influyamos en los demás, pues así nos beneficiaremos directamente. Lo lograremos amando abnegadamente, lo cual significa perdonarlos. El resultado nos llevará a la propia realización. Alcanzaremos todas aquellas cosas que hemos siempre aspirado y que traen bienestar. La salud física y la tranquilidad, en una palabra, la FELICIDAD será el producto de obedecer este mandamiento del Cielo. 15 de noviembre del 2008. [1] Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998. Las referencias bíblicas se harán de esta versión. De lo contrario, se hará la cita respectiva. Ps. Vladimiro Vásquez
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